Lunes, 20 de octubre de 2014

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2mar

El efecto de las emociones positivas en la salud y felicidad, objeto de investigación de la Psicología


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En el campo de la psicología, actualmente hay investigaciones que demuestran cómo las personas con mejor afectividad, son menos vulnerables a las enfermedades y tienen mayor esperanza de vida.

El afecto positivo nos hace menos vulnerables a las enfermedades y a los contratiempos de la vida cotidiana. Así lo asegura alguien que sabe mucho en esta materia: Enrique García Fernández-Abascal, catedrático de Psicología de la Emoción y la Motivación en la UNED.

Este investigador cuenta con un buen número de publicaciones en revistas de impacto, siendo considerado uno de los principales impulsores en España de la Psicología Positiva, al contribuir a dirigir su mirada científica hacia las emociones que nos hacen felices, como el amor. “Las emociones negativas son la principal fuente de sufrimiento de las personas, de ahí que se haya dedicado tanto tiempo en estudiarlas”, apunta, considerando que este siglo es el de “las emociones positivas”, porque en la actualidad ya se cuenta con herramientas y metodología precisas para aprender cómo las actitudes sanas enriquecen nuestra afectividad.

Fue en Teruel donde este catedrático de Psicología estuvo el pasado jueves, en las Jornadas sobre Amor y Ciencia en Teruel, donde impartió la conferencia “El poder de las emociones positivas”, ante un público interesado en conocer los últimos estudios y proyectos que exploran la naturaleza emocional humana.  Las emociones negativas “sólo tienen la función de avisarnos de peligros”, asegura este experto, subrayando que es el afecto positivo lo que “tenemos que aprender. La forma de comunicarnos con el mundo es a través del afecto”. Hay “personas que biológicamente tienen más facilidades” para recibir y dar afecto, al ser más extrovertidos, divertidos o comunicativos. Pero este experto también está convencido que “los límites de la Naturaleza o Biología podemos saltarlos con creatividad”. Así, una persona tímida se puede rodear de un grupo de amigos divertidos y mejorar su comunicación, dando y recibiendo afecto.

Enrique García Fernández-Abascal, junto a la organizadora de las Jornadas sobre Amor y Ciencia en Teruel, Alicia Izquierdo.

La infancia es clave para forjar esa capacidad, porque es cuando se establece el “vínculo afectivo seguro” con la madre o persona que asuma el rol materno, que nos convertirá en el futuro en “personas adultas con capacidad para dar y recibir amor”. Si este vínculo falla o no existe, “nuestras relaciones de pareja estarán condicionadas”, por el miedo, la ansiedad de la separación, sin espacio para la afectividad positiva y sana, según este investigador de la UNED, que aun en este caso aboga por el enorme potencia de la voluntad, por encima de las situaciones pasadas o de nuestra configuración biológica, que cifra en un 67%, la parte de posibilidad para ser felices que depende de nuestra voluntad, de nuestro propósito de serlo, al margen de la biología. Pero “la felicidad es un derecho, y no una obligación”, puntualiza.

Al hablar del amor de pareja, García Fernández-Abascal considera que a medida que vamos creciendo, nuestros “amores se van complicando”, pasando por diversos tipos de amor: amor pasional, propio de la adolescencia; amor pleno, que combina la intimidad, la pasión y el compromiso; y el amor puramente comprometido, que se limita a ser compañeros o amigos. “Son todas las caras del amor, siendo el amor pleno el que aúna todas ellas, el más óptimo y valorado”, puntualiza el autor de  “Emociones Positivas”, dirigido al gran público.

Investigaciones para incrementar la felicidad

En la otra cara de la moneda, se sitúa la dificultad para tener un mundo afectivo rico. En nuestro país el consumo de antidepresivos está aumentando, según apunta este experto que plantea así la necesidad de una educación que nos enseñe a emplear “herramientas para fomentar esa afectividad y comunicación”. Porque contrariamente a lo que se suele pensar, incluso en situaciones negativas, el ser humano puede avanzar, es lo que los investigadores en Psicología Social denominan “crecimiento postraumático”, un camino que está investigando Enrique García Fernández-Abascal, que dirige un proyecto de investigación que realiza un seguimiento, a lo largo de siete años, a más de 170 personas que han sufrido un infarto de miocardio o angina de pecho, En este estudio participa la red de hospitales públicos de Navarra. Desde su inicio, en 2003, hasta la actualidad, se ha demostrado que el 25% de todos estos pacientes que habían sufrido un episodio de este tipo de fallo cardíaco, si no cambia las pautas de estrés y malos hábitos que le habían generado ese episodio, cae en una depresión. En cambio, “algunas de estas personas, tras un infarto, han considerado que es una señal para rectificar, al considerarlo como un episodio cercano a la muerte y la posibilidad de cambiar de vida, mejorando y creciendo”.

Cerca de un centenar de personas acudió en Teruel a la conferencia "El poder de las emociones positivas"

Otro de los proyectos que dirige este catedrático de la UNED se centra en estudiar la influencia que tiene la afectividad en los resultados de aplicación de la vacuna de la gripe. Así, en este estudio se ha escogido una muestra de individuos a los que se les había suministrado la vacuna, dividiéndolos en dos grupos: a unos se les entrenó en la técnica de afectos positivos durante 5 semanas, mientras que el resto no recibió ningún tipo de tratamiento o atención. Al cambo de este tiempo, “comprobamos que los que había recibido este entrenamiento para mejorar la afectividad habían desarrollado el doble de anticuerpos que el otro grupo de personas”. Esto demuestra cómo la salud está relacionada con la afectividad, algo que también se manifiesta en los resultados de otras investigaciones, como en la que establece que “las personas alegres, divertidas, que desarrollan el sentido del humor tienen un 40% menos de posibilidades de desarrollar un ictus”. Así, la esperanza de vida y la felicidad parecen estar en la misma cuerda: “Una persona que disfruta de la vida, vive más y toma la enfermedad o el dolor de otra forma”, puntualiza Enrique García Fernández-Abascal.

Rosa Castro