Jueves, 17 de mayo de 2012

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19dic

Antonio Córdoba: “Me gustaría pensar que la crisis incentivará relaciones entre ciencia y empresa”


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El Premio Nacional de Investigación “Julio Rey Pastor” 2011, en el área de Matemáticas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, participó en el III Coloquio de Matemáticas, organizado por IUMA.

El Instituto de Investigación de Matemáticas y Aplicaciones de la Universidad de Zaragoza desea divulgar las matemáticas de la mano de científicos  relevantes en el panorama nacional e internacional.

Por este motivo, viajó a Zaragoza Antonio Córdoba Barba, recientemente premiado con el Premio Nacional de Investigación “Julio Rey Pastor”, en el área de Matemáticas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones 2011.

Este catedrático de Análisis Matemático en la Universidad Autónoma de Madrid actualmente investiga en el Instituto de Ciencias Matemáticas (CSIC – UAM), centrado en el área de mecánica de fluidos, intentando entender las interfases entre dos fluidos,  para llegar a entender cuestiones tan actuales como los frentes atmosféricos, el problema de la predicción meteorológica o la separación del agua del petróleo en un yacimento.

Este Premio Nacional de Investigación “Julio Rey Pastor” no sólo investiga. Se considera ante todo profesor y también científico, “Soy hijo de maestra, toda mi vida he estado en academia. Me considero fundamentalmente profesor. Como investigador uno crea nueva música y como profesor la interpreta”, asegura, señalando que en una conferencia le gusta ponerse al nivel del público y no “ir a contar todo lo que uno sabe”.

Como ganador de este premio de investigación tan prestigioso que es como el Cervantes, pero en Matemáticas, ¿Cómo ve la investigación en España?

Las matemáticas en España han tenido un desarrollo espectacular en las últimas décadas. Cuando a principios de los 80 volví a España, desde Princeton, colaboré con el gobierno, con personas como Juan Rojo, Pedro Pascual. En la tarea de actualizar la ciencia en España. Deseaban que les ayudara en matemáticas. Como tenía 30 años, me veía joven y deseaba dedicarme a otras cosas que política científica. Recuerdo, que en ese tiempo, ya había un buen caldo de cultivo, con gente preparada, que se había formado fuera. Tras unos años, hicimos una reunión para analizar la situación de la ciencia en España. Vimos que la contribución española a la producción mundial de matemáticas era de un 0.4%., en 1984. Este porcentaje está medido en el término de número de artículos que se publicaban por españoles. Y actualmente, hemos pasado a un 4%.

Hizo la tesis en Estados Unidos, Chicago, y ha asegurado que allí las empresas están más interesadas por el mundo científico. ¿Cómo ve la transferencia tecnológica en España?

España es la novena potencial mundial  en producción científica en matemáticas. Se ha conseguido desde principios de los ochenta. Ahora bien, antes las matemáticas eran un bebé, que debía fortalecerse, ahora con el desarrollo social es el momento de plantearse por parte de la ciencia española en incidir en el sistema industrial y de desarrollo. Me gustaría pensar que una de las cosas positivas de esta crisis es incentivar esta relación.

Entre mis colegas de Estados Unidos no era infrecuente que una empresa se pusiera en contacto con nosotros. Podemos como matemáticas aportar mucho en el mundo empresarial. Estoy pensando por ejemplo en Inditex, podemos crear modelos para fabricar telas. A veces a los matemáticos se nos contrata para alquilar nuestro cerebro. El matemático puede llegar a soluciones eficaces. Una industria nos puede contratar porque estamos entrenados para eso.

En el oficio del matemático no hay paro interesa a las empresas por la mente de ofrecer soluciones

Somos profesionales de sacar las consecuencias lógicas y de sacarle punta a todos los resquicios. En una primera visión puede pasar inadvertido, pero cuando hay que ajustar gastos y producción, las empresas tienen que afinar para ser competitivas. Es allí donde los matemáticos tienen un hueco importante.

Antonio Córdoba junto a Pedro J. Miana, secretario de Secretario del IUMA y organizador de los Coloquios de Matemáticas.

La producción científica es alta, ahora el siguiente paso es lograr esa transferencia. Desde el Instituto de investigación en el que trabaja, cuénteme algún proyecto.

Desde el grupo de investigación, él más veterano soy yo. Hay gente joven con un interesante currículum, estudiantes posdoctorales y doctorandos. Estamos intentando entender las interfases entre dos fluidos, algo

que relacionado con los frentes atmosféricos, el problema de la predicción meteorológica o con el estudio de la filtración en un medio poroso para separar el agua del petróleo en un yacimiento… También estamos

interesados con las soluciones de ecuaciones de fluidos que tiene bastante simetría como la simetría de rotación, para entender mejor los modelos de los tornados, huracanes… Estos tres proyectos dan para mucho.

El Premio Nacional que le han concedido ha sido por su abundante producción científica, logrando publicar en las cinco revistas de mayor impacto en matemáticas, y también por haber su excelente divulgación. Algo que no es muy frecuente. ¿Cómo divulga?

He hecho muchos ensayos, he publicado en revistas de filosofía, de literatura… me gusta. Soy hijo de maestra, toda mi vida he estado en academia, y soy profesor. Me considero fundamentalmente profesor. Como investigador uno crea nueva música y como profesor la interpreta. A mí me encanta enseñar. Cuando doy una charla, me gusta ponerme al nivel del público y no exhibir mis conocimientos.

He escrito un libro que ha tenido cierto éxito, que se llama “La Saga de los números”, que surgió a raíz de que estaba dando un curso de 1º de carrera a un grupo de estudiantes que estaban continuamente tomando notas de lo que yo explicaba. Les propuse que me comprometía a dar mis notas, sin que tuvieran que apuntar. Fue un compromiso difícil. Tuve que pasar todos los fines de semana escribiendo y mi mujer protestó mucho, por cierto. Es el libro que a mí me hubiera gustado tener cuando yo tenía esa edad.

Ahora he escrito otro, en una serie de colección del CSIC, que se titula Los números. En colaboración con Javier Cirecuelo. Hemos hecho un esfuerzo por trasmitir al ciudadano un paseo por los jardines más asequibles del mundo matemático. Me gusta que en el premio se haya reconocido esto.

Cómo explicaría a gente que es ajena a las matemáticas, que están presentes en todo. En todo hay matemáticas…

Es cierto, en casi todo. Lo paradójico es que muchas veces pasan inadvertidas. Cuando uno va al supermercado, antes el dependiente apuntaba en un papel y hacía la suma, ahora sería impensable, con unas colas tremendas… Ahora tenemos los códigos de barra, que se leen con un láser… El ciudadano ve todo esto, pero detrás de eso hay unos algoritmos matemáticos, sin los cuales eso no funcionaría…

También el teléfono móvil y el GPS está basado en una gran cantidad de algoritmos matemáticos sin los cuales no tendrían sentido.  O cuando uno va a un hospital y le hacen un TAC, allí en una máquina tremenda, el ciudadano puede apreciar la máquina, a los médicos, ingenieros o físicos. Pero la realidad es que esa máquina manda unos rayos X y se precisa medir la intensidad con la que entra y con la que salen. De estos números, las matemáticas los convierten en una imagen del órgano y si hay o no tumor. Casi en cualquier aspecto de nuestra tecnología moderna hay matemáticas, pero pasan desapercibidas, pero están ahí de forma oculta.

¿Considera que ante la escasez de gente que estudia Matemáticas está asegurado el relevo generacional?

Siempre. Siempre habrá chicos y chicas jóvenes que harán cosas mejores que nosotros

Rosa Castro