Los científicos aseguran que beber vino moderadamente reduce la mortalidad
Consumir vino de forma moderada, lo que serían 30 gramos al día, unas dos copitas, tiene un efecto antiinflamatorio y antioxidante que retrasa el desarrollo de la arteriosclerosis y si se ingiere por la noche evita la aparición de la trombosis nocturna o la producida por la mañana, horas en que se registra la mayor tasa de infartos de miocardio.
Éstas son las conclusiones que numerosas investigaciones epidemiológicas describen y que Antonio Salgado, jefe de la Unidad de Gestión de Conocimiento del Instituto de Investigación del Hospital Vall d´Hebrón de Barcelona, explicó el pasado martes, en la Feria Internacional del Mercado Alimentario (Qualimen), celebrada en Zaragoza. (En la imagen, A.Salgado)
“Los primeros estudios surgieron en los años 60 y 70, centrándose en los beneficios de la dieta mediterránea, se centraron es explicar por qué hay una baja mortalidad en los países mediterráneos con respecto a los anglosajones. Hoy en día ya son muchas las investigaciones cuantitativas sobre los efectos cardioprotectores del consumo moderado de vino o alcohol en poblaciones como Francia, Dinamarca, Yugoslavia, Estados Unidos, China y Nueva Zelanda, países donde la Ciencia Biológica tiene gran desarrollo. Hay consenso en la comunidad científica mundial sobre beneficios del consumo moderado de alcohol sobre la mortalidad global y cardiovascular en particular”, explica Salgado, que es coordinador científico de la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN).
El vino se diferencia del resto de bebidas
Las bebidas alcohólicas reducen la mortalidad en general y las enfermedades cardiovasculares especialmente, pero el vino se diferencia en que provoca una menor mortalidad por cardiopatía coronaria y por cáncer, que el resto de bebidas alcohólicas, “debido que el vino contiene menos productos destilados y a que sus componentes no alcohólicos, los llamados profilenólicos, que actuarían como antioxidantes y anticancerígenos”, explica Antonio Salgado, que advierte que el vino es un alimento que forma parte de la dieta mediterránea, “ no es un medicamento, es un elemento más de una dieta baja en grasas saturadas, con un consumo abundante de verdura y fruta… No hay ninguna receta mágica, se trata de un pequeño puzzle. El vino es un elemento más, que en dosis de 30 gramos influye positivamente”.
En una de las últimas investigaciones sobre los efectos positivos del vino se comprobó que de una muestra de 3.7000 personas mayores de 65 años, los bebedores moderados de vino tenían un riesgo 75% menor de desarrollar el Alzheimer y un 80% menor de desarrollar cualquier demencia que los no bebedores. Pero Antonio Salgado es prudente con estos resultados, asegura que “se ha comprobado que el consumo racional del vino tiene un efecto multinflamatorio, especialmente en enfermedades cardiovasculares donde su efecto es más claro y comprobado que en enfermedades como Alzheimer”.
Los efectos beneficiosos del consumo moderado de vino están asumidos por los científicos, pero “existen discrepancias sobre los mecanismos responsables de estos efectos. Cada día aparecen más datos o resultados sobre sus efectos anticancerígenos. Se debe investigar cuáles son los componentes del vino más efectivos. Pero el consumo moderado de nada servirá si no se acompaña de una dieta mediterránea y de un estilo de vida propio de adultos sanos. La salud es un poco de racionalidad y sentido común, el método científico sólo hace descubrir por qué las medidas racionales tienen ese efecto en la salud”, concluye este científico.
Rosa Castro

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