Jueves, 09 de septiempre de 2010

30jun

Expertos en sensores fotónicos explican sus múltiples aplicaciones en curso de verano en Jaca


Un curso de verano de la Universidad de Zaragoza centrado en sensores electrónicos reúne estos días en Jaca a 13 profesores y 37 alumnos, pertenecientes a pregrado y postgrado de Ingenierías y carreras de Ciencias y también a investigadores que colaboran en empresas o centros de investigación. (En la imagen, sensor fotónico)

Se trata de la primera edición de este curso, coordinado por las Universidades de Zaragoza, Cantabria y Pública de Navarra, con el objetivo de explicar las múltiples aplicaciones de los sensores fotónicos, que constituyen “un sistema para medir cualquier parámetro, ya sea la temperatura, la tensión mecánica o parámetros químicos y biológicos. En Ingeniería civil se emplean especialmente para calcular las tensiones en estructuras como puentes o vigas, o en aerogeneradores, viendo las tensiones de las palas”, detalla Juan Ignacio Garcés, profesor del Departamento de Ingeniería Electrónica y Comunicaciones y miembro del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón (I3A), perteneciente a la Universidad de Zaragoza.

Los sensores fotónicos, basados en fibras ópticas, son empleados en diversos campos para medir los parámetros dominantes. Por ejemplo, según comenta este experto del I3A, en la aeronáutica, se emplean en el diseño de las alas de los aviones; en la Biomedicina facilitan la detección de proteínas o la malformación en genes. En el caso del Grupo de Investigación en Tecnologías Fotónicas (GTF), dirigido por Garcés, los sensores fotónicos permiten la medida de parámetros químicos en aguas residuales, para medir la calidad del agua. Gracias a estos pequeños dispositivos se puede controlar qué cantidad de plomo o elementos orgánicos existen en ríos como el Ebro. Esta es la especialización de GTF, reconocido como grupo de investigación consolidado por el Gobierno de Aragón, que desde hace cuatro años trabaja en colaboración con ADASA, filial de Aguas de Barcelona, para desarrollar equipos con sensores fotónicos que midan estos parámetros en las cuencas hidrográficas de España.

La fotónica, calificada como la segunda revolución tras la electrónica, tiene múltiples aplicaciones, pero, según este investigador del I3A, “no sustituirá en el corto plazo a la electrónica, porque ésta es más competitiva al ser más barata. La Fotónica al implicar mayor coste, sólo se utilizará en los casos donde tiene más funcionalidades o permite una mejor medida de los parámetros”. En el caso de los sensores que miden la tensión mecánica, a nivel electrónico están poco desarrollados. Y en los sensores químicos, en cambio los sensores de fibra óptica son más selectivos.

Estos sensores fotónicos, según este experto de la Universidad de Zaragoza, tienen un diámetro de apenas 125 micras lo que supone aproximadamente el grosor de un cabello humano. En el campo de la Biomedicina, gracias a biosensores electrónicos y ópticos, hay una mayor sensibilidad para detectar proteínas o también saber si la persona ha ingerido algún tipo de droga, utilizándose para comprobar situaciones de doping en deportistas. Pero según detalla Juan Ignacio Garcés, estos biosensores ópticos todavía están en proceso de investigación.

Otra de las aplicaciones en las que se utilizan los sensores de fibra óptica son para medir el movimiento. “En Estados Unidos, se ha ideado el giróscopo, capaz de detectar rotaciones mecánicas mediante la interferencia de haces de luz. El sensor consiste en una bobina en la que se enrolla un cable de fibra óptica. “Permitiendo saber cuándo te estás moviendo, midiendo el desplazamiento y pudiendo así corregir la trayectoria. Esta tecnología es muy útil en aeronáutica y en la industria de defensa”, concluye este profesor de la Universidad de Zaragoza, que coordina y dirige este curso de verano, junto a los profesores: José Miguel López, de la Universidad de Cantabria, y Manuel López-Amo, de la Universidad Pública de Navarra.

Rosa Castro