Viernes, 26 de mayo de 2017

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Analizando la salud medioambiental de nuestros ibones


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¿Se mueren los ibones del Pirineo Aragonés? Esa es la conclusión que parece extrapolarse cuando uno se sumerge bajo las frías aguas de alguno de estos lagos pirenaicos y encuentra en su lecho todo tipo de desperdicios. Eso y un desmesurado crecimiento algal que refleja el alto grado de eutrofia de sus aguas.

Sin embargo, no debemos dejarnos vencer por el catastrofismo. Aún estamos a tiempo de revertir buena parte de los efectos del abuso continuado que los humanos hemos ejercido a lo largo del último siglo sobre estos tesoros ecológicos, testigos relictos de la última glaciación del Pleistoceno, y verdaderas joyas del patrimonio natural aragonés.

En las últimas cuatro décadas se ha ido produciendo un paulatino incremento en el interés por la protección y preservación del medio ambiente. Esta preocupación de la ciudadanía fue trasladada a los estamentos políticos europeos, y uno de sus resultados fue el informe “El medio ambiente en la Unión Europea” de la Agencia Europea del Medio Ambiente presentado el 10 de noviembre de 1995 En él se confirmaba, entre otros asuntos, la necesidad de tomar medidas para proteger las aguas comunitarias. Como consecuencia, se promulgó la Directiva 2000/60/CE, denominada “Directiva Marco del Agua”, el 23 de Octubre del 2000. En ella se hace referencia a la necesidad de proteger y defender al agua como un patrimonio de la humanidad, y tiene como objetivo que todas las aguas superficiales de la Comunidad Europea alcancen un “buen estado ecológico” antes del 2015. Con este fin, esta directiva enumera todos aquellos parámetros que se han de considerar para cada tipo de agua a fin de determinar su estado ecológico.

En la imagen, fondo del ibón de Baños plagado de desperdicios de todo tipo.

Testigos agonizantes de la última glaciación

Entre los diferentes ecosistemas dominados por las aguas continentales en Aragón, los lagos de origen glaciar -denominados ibones en aragonés- son, quizá, los más frágiles y singulares. Son el resultado de la intensa dinámica climática y geológica que ha modelado la Península Ibérica, y constituyen unos parajes naturales de una belleza singular.

Su génesis está directamente ligada a la dinámica glaciar del Pleistoceno. Durante los periodos de mayor extensión glaciar, la presión ejercida por las grandes masas de hielo sobre el terreno por el que discurrían, y especialmente en las zonas en que se produce una disminución de la pendiente produjeron depresiones denominadas cubetas de sobreexcavación glaciar. Con el retroceso de las masas de hielo, estas cubetas se transforman en áreas receptoras de aguas de deshielo procedentes de glaciares y neveros superiores formando los ibones. Estas pequeñas lagunas son el biotopo sobre el que se asientan pequeños ecosistemas aislados, verdaderas islas de vida subacuática aclimatada a unas duras condiciones vitales en medio del agreste paisaje pirenaico.

El valor de los ibones resulta incuestionable para un mejor conocimiento de una gran variedad de disciplinas científicas naturales (geología, climatología, biología, ecología). Desde esta perspectiva es importante señalar que los ibones atesoran una gran información sobre la evolución climática más reciente.

Pero a este valor científico, los ibones aragoneses añaden un indudable interés desde la perspectiva económica, así como un enorme potencial para su aprovechamiento, y desarrollo sostenible desde los puntos de vista recreativo, deportivo y de sensibilización medioambiental.

En la imagen, instructores de buceo de la FARAS inspeccionan la banquisa del ibón de Baños durante una inmersión invernal.

Breve síntesis geológica del Ibón de Baños

El ibón del balneario de Panticosa se ubica en el Valle de Tena en las coordenadas UTM 30T 4N 26200 37950, y se localiza en el Pirineo Axial. Su origen se remonta al final del periodo Westfaliense. Durante la fase hercínica se produce la intrusión y encaje de los granitos en Panticosa y Cauterets, considerados postectónicos. Posteriormente, durante el Mesozoico y Cenozoico se produce la fase alpina caracterizada por un intenso plegamiento.

El plutón de Panticosa aflora en una superficie de 40 km2. Presenta una estructura concéntrica constituida por un granitoide, que no presenta orientación preferente o tan sólo, muy ligera, en zonas de falla. El batolito presenta contactos normales con la roca encajante y está afectado por la orogénesis alpina. Sin embargo, a pesar de la intensa fracturación el plutón respondió rígidamente. No obstante, se produjo la elevación de los materiales del batolito y sus alrededores. Se trata, pues, de un cuerpo intrusivo muy consolidado y erosionado en el Terciario.

Hace unos 38.000 años, durante la fase glaciar máxima, el glaciar del río Gállego alcanzaba unos 30 km de longitud, y una profundidad de 600 m en el Valle de Tena. Posteriormente, hace 15.000 años, se produce la retirada de la lengua glaciar hacía los valles de mayor altitud. La cubeta donde se encuentra ubicado el Ibón de Baños es el resultado directo de la acción erosiva glaciar en el fondo del circo glaciar. Su posterior cierre con derrubios morrénicos propiciaría la acumulación de aguas de fusión, originando el ibón.

En la imagen, ibón de Baños en invierno, cuando se comienza a formar la banquisa.

El Ibón de Baños y el ser humano: una relación milenaria

 El ibón y las surgencias de aguas termales del balneario de Panticosa, son conocidas y han sido utilizadas por el hombre desde la época de la colonización de la Península Ibérica por parte del Imperio Romano. En este lugar se han encontrado pruebas arqueológicas indiscutibles de asentamientos romanos y de su utilización con fines termales, entre ellas monedas y restos de vasijas romanas, así como una balsa fechada en el siglo II a.C.

A partir de la crisis del Imperio Romano, no se vuelve a tener conocimiento de la utilización de las aguas del Balneario de Panticosa hasta el siglo XVII. Es en 1693, cuando el Quiñón de Panticosa -agrupación administrativa que aglutinaba los pueblos de Panticosa, El Pueyo y La Hoz-, construyó la primera Casa de Baños.

Ya en 1826, el Balneario pasaría a manos de Nicolás Guallart, por Real Decreto de Fernando VII, debido a la desfavorable opinión de los administradores de la zona en cuanto a la capacidad del Quiñón para lograr que el Balneario fuera un lugar de reconocimiento y prestigio en toda Europa. Finalmente, Nicolás Guallart formó una sociedad cooperativa para afrontar los gastos del Balneario, que se convertiría a su muerte en sociedad anónima, con el nombre de Aguas de Panticosa S.A. (APSA).

Después de varias fusiones y rupturas empresariales en el primer tercio del siglo XX, la Guerra Civil Española provocó una dramática caída de los ingresos de la empresa gestora de Balneario de Panticosa, debido a la precaria situación general de la población, inmersa en una economía de subsistencia. Esta situación de crisis se prolonga durante las décadas de posguerra, y llega incluso a empeorar durante la bonanza económica de los años 60 y 70, hasta que en 1979, el Balneario se ve obligado a cerrar sus puertas por las dificultades económicas.

En 1994, la DGA, el Ayuntamiento de Panticosa y APSA, firman un acuerdo para la mejora y rehabilitación del Balneario y su entorno. En la actualidad, la empresa NOZAR, a través de Panticosa Resort se ha encargado de la rehabilitación y explotación de las infraestructuras e instalaciones hoteleras del balneario.

Imagen en invierno,cuando para acceder al medio subacuático los buceadores han de perforar la banquisa. La forma triangular del acceso, es la mas frecuente y facilita tanto la inmersión como la emersión.

Estudio medioambiental piloto en el ibón de Baños

En 2002, el Grupo de Investigación del Medio Ambiente del Centro de Estudios Superiores (GIMACES), inició el proyecto pionero “Estudio medioambiental piloto de un ibón pirenaico afectado por la acción antrópica”, en colaboración con el Laboratorio de Calidad de Aguas de la EUITIZ. Este proyecto, subvencionado por el Departamento Ciencia, Tecnología y Universidad del Gobierno de Aragón, contó además con la participación de la Vocalía de Medio Ambiente de la Federación Aragonesa de Actividades Subacuáticas (FARAS), cuyos especialistas en buceo bajo hielo colaboraron en la toma de muestras en el ibón estudiado.

La elección del ibón de Baños del Balneario de Panticosa como lugar para la realización de este estudio se debió a que, tal y como se ha explicado anteriormente, se trata de un espacio que ha sufrido la acción antrópica de manera intensa durante siglos y continúa siendo usado para diversas actividades de ocio y deportivas en la actualidad. Esto, unido a que su acceso es sencillo para un público muy variado, hace que este ibón sea el primero que visita una gran parte de la población aragonesa, por lo que su estado medioambiental resulta fundamental para la percepción y sensibilización medioambiental de los ciudadanos hacia estos ecosistemas.

El trabajo de campo partió de la determinación de dos puntos del ibón como indicadores de zona menos contaminada y más contaminada respectivamente. Los muestreos se llevaron a cabo de una forma estacional a lo largo de un ciclo anual completo, a fin de valorar la influencia de las actividades deportivas estivales e invernales desarrolladas en la zona.

La Directiva Marco del Agua propone, entre otras medidas, la determinación del Estado Ecológico de las aguas. Para su valoración, la directiva hace referencia a una serie de indicadores agrupados como indicadores biológicos, indicadores físico-químicos, indicadores generales, indicadores específicos, e indicadores hidromorfológicos.

En el “Estudio medioambiental piloto de un ibón pirenaico afectado por la acción antrópica”, ante la imposibilidad real de llegar a aplicar todos los indicadores propuestos por la citada directiva, se optó por seleccionar un conjunto de indicadores fundamentales, y que resultan ser los más representativos de cada grupo, y con ellos determinar lo que denominamos Calidad Ecológica, término que empleamos para no confundirlo con el de Estado Ecológico que propone la Directiva con la aplicación la totalidad de los indicadores.

Los resultados del estudio muestran el estado degradado en el que se encuentra el ibón; los límites de calidad quedan sobrepasados en muchos de los aspectos dando lugar a una calidad ecológica “MALA” en la mayoría de los muestreos.

En la imagen, el fondo del ibón de Bños presenta un exceso de flra bentónica, debido al proceso de eutrofización que ha ido experimentando el entorno en la última década.

En busca de una metodología rápida y fiable para la evaluación del estado ecológico de nuestros ibones

La jornada de limpieza subacuática y de sensibilización medioambiental para buceadores del cinco de noviembre de 2005, es la acción que inició el nuevo proyecto de investigación medioambiental de GIMACES “Modelo de gestión para espacios naturales de alto interés ecológico: lagos de alta montaña (ibones)”, financiado por la Fundación Biodiversidad. Este proyecto se realizará durante los próximos dos años en los ibones de Baños y de Sabocos, siendo uno de sus objetivos principales proponer un modelo de gestión sostenible para la protección del ecosistema y la biodiversidad de lagos de alta montaña.

Para ello, pretendemos analizar paralelamente estos dos ibones de forma estacional a lo largo de un nuevo ciclo anual completo (uno en el que ya se ha demostrado su fuerte antropización –Baños- y otro -Sabocos- en el que su proximidad geográfica, climática y ambiental junto con su escasa acción antrópica lo hacen candidato ideal), para posteriormente realizar un estudio comparativo entre ambos.

Esperamos que este estudio comparativo posibilite el establecimiento de valores de referencia de tipo estacional sobre la calidad de agua a la que se debería tender en los ibones antropizados, y permita establecer hipótesis contrastables sobre los principales vectores de contaminación antrópica en cada estación y sus posibles soluciones y propuestas de gestión sostenible de estos espacios singulares.

El control del estado ecológico del ibón de Sabocos en la actualidad es de gran interés puesto que existen planes de ampliación de la Estación de esquí Panticosa por todo el territorio circundante de dicho ibón. Si estas obras de ampliación se llevasen a cabo, es posible que el ibón se viese afectado por ellas, por la mayor afluencia de personas a su área de influencia o por la posible extracción de agua para alimentar los cañones de innivación artificial. Por este motivo, resulta crítico tener información de la situación ecológica actual, para poder medir, en caso de que se realicen las obras, su efecto en este entorno natural.

En la imagen, buceador de la FARAS entrega una muestra de agua a una alumna de la licenciatura de Gestión del Medio AMbiente de FSV.

Composición del equipo de trabajo:
  • Alfonso Pardo, Universidad San Jorge. Zaragoza
  • Carlos Rodríguez, Fundación San Valero (FSV). Zaragoza
  • Tomás Arruebo, FSV.

Tema Aragón Investiga: 05/12/2005


Ficheros adjuntos


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